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Editada por Didáctica Ambiental S.L.
Año 3 - nº 5. noviembre - 2006
ISSN: 1698-5893

 

Parques Nacionales del oeste de USA

Fernando F. Rojero

¿Qué aficionado a la naturaleza no ha deseado alguna vez visitar los parques nacionales norteamericanos? Fueron los primeros parques nacionales que se crearon en el mundo, antes de que el "invento", aún con matices, fuera importado a la vieja Europa.

Un recorrido de tres semanas por Yosemite, Death Valley, Gran Cañón del Colorado, Arches, Yellowstone, Grand Teton, Bryce Canyon y Zion, nos lleva a reflexionar sobre en qué ha quedado el papel que se les asignó al ser creados: "Servir para que las generaciones futuras pudieran conocer la naturaleza como era antes de que el hombre interviniera en ella"

Los parques naturales norteamericanos reciben millones de visitantes cada año, la mayoría son ciudaddanos norteamericanos que, como si de la Meca se tratara, se han propuesto visitarlos alguna vez en la vida, aspiración de la que participamos gran número de europeos y la que corresponde este artículo.

Lo que sigue a continuación es, a grandes rasgos, la crónica de un "on the road" a la búsqueda de esa naturaleza primigenia.

Tipología

Los parques nacionales que vamos a visitar podemos englobarlos en tres grupos:

En el primero incluimos exclusivamente a Yosemite, el reino dle granito y de las sequoias gigantes.

En el segundo grupo incluimos a todos los parques que que se encuentran en el gran plató que forma la meseta del Colorado con sus características areniscas rojas (las areniscas navajo), incluimos aquí al Gran Cañón del Colorado, Glen Canyon (o lago Powell), a Arches, Bryce Canyon y Zión, aunque hay algunos más (Capitol Reef, Cayonlands, etc. que no visitamos por falta de tiempo).

En el tercer grupo incluimos a Yellowstone, mucho más al Norte, y a su parque adyacente Grand Teton, con paisajes alpinos y sobre todo en el caso de Yellowstone con fantásticas manifestaciones hidrotermales.

Nuestar ruta comienza y termina en San Francisco, ciudad a la que nos dirigimos en parte, porque en ese momento, agosto de 2006, era algo más asequible económicamente el vuelo y, además, porque desde aquí, nos parece que puede ser un buen punto de partida por su proximidad, relativa como todas las distancias en USA, a nuesto primer objetivo: Yosemite.

Yosemite National Park

Si no fuera porque es de granito, el valle de Yosemite recordaría mucho al valle de Ordesa, o sea que es una auténtica preciosidad. La llegada a Yosemite va a estar marcada por la vista de la enorme arista del Capitán, conocida por todos aquellos aficionados a la montaña, enfrente de la cual se encuentra la cascada del "velo de la novia", típica cascada tributaria de un valle glaciar.
Los aficionados a la geología tenemos la oportunidad de ver auténticos domos graníticos. Todas las montañas de Yosemite son domos redondeados, en los que la fracturación se produce siempre en los laterales, nada que ver con los hiperfracturados granitos de nuestros cuchillares de Gredos o de la Pedriza. Entre ellos hay uno que destaca sobremanera: el "Half Dome" que, como su nombre indica, es la mitad de un domo, la otra mitad se la llevó el hielo de la última época glaciar.

El Half Dome despierta un atractivo insuperable para aquellos que subimos montañas en plan "trecking" y nos sirve para comentar uno de los dilemas a los que se ve sometido quien realiza un viaje a los "parques nacionales de USA" o a cualquier destino de una envergadura similar: decidir si disfrutamos "intensivamente", reduciendo las visitas a unos pocos lugares en los que hacemos muchas cosas, o "extensivamente", yendo a muchos sitios pero haciendo poco en cada un de ellos. La subida al Half Dome requiere un día entero desde Yosemite Valley (16 horas), lo cual exige haber dormido allí y volver a dormir una segunda noche. Teniendo en cuenta que es casi imposible hacer una reserva en el interior del parque si no es con meses de antelación. Pues está claro.

Asi que nosotros, que habíamos llegado desde San Francisco sobre las 2 de la tarde, en este primer día tuvimos que limitarnos a dar una vuelta por la carretera del valle, hacer algunas fotos espectaculares y coger la carretera hacia la salida sur para, cerca de hora y media después, encontrar un motel (caro) en Oakhurst.

Al día siguiente decidimos que Oakhurst estaba demasiado lejos como para volver allí, así que visitaríamos algunas cosas y saldríamos del parque por el Este. Así que por la mañana nos diigimos a Mariposa Grove, el lugar donde sencuentran las famosas sequoias gigantes, algo que no te puedes perder. Como era fin de semana, el parking de mariposa Grove estaba lleno, con lo cual nos vimos obligados a movernos en el "shuttle", o sea en el autobús gratuito que todos los parques nacionales norteamericanos utilizan para descongestionar las carreteras. Es un estupendo invento para una buena gestión de los parques nacionales desde la perspectiva del manejo de los turistas, pero pésima para los que vamos con el "minuto contado".

Mariposa Grove es un bosque de sequoias gigantes realmente impresionante y que se visita con un sendero autoguiado, coges un folleto de una caja metálica y metes medio dólar en una ranura o lo devuelves al acabar. Nadie te controla, esto es América. Así nos enteramos de que las sequoias viven varios miles de años, que, a pesar de todo acaban cayendo como resultado de las nevadas, que afortunadamente su madera es bastante mala, gracias a lo cual todavía hay sequoias, y muchas más cosas interesantes. Los parques nacionales norteamericanos son un prodigio de información, no sólo es que los senderos autoguiados dispongan de este tipo de folleto, es que a la entrada de cada parque te dan una especie de periódico con las informaciones más relevantes y un mapa-folleto que, en si mísmo merece la pena.

 
Como no podíamos subir al Half Dome, decidimos subir al Centinel Dome, tan alto como aquél, pero con una acensión de apenas una hora y que ocupa una posición privilegiada a la entrada del valle y al que se accede desde la carretera a Glaciar Point, el mirador estrella de Yosemite, absolutamente imprescindible.
La salida de Yosemite hacia el este, nuestra despedida, es una carretera bastante interesante también, que asciende hasta los 3.600 metros del Tioga Pass, la puerta del parque. Por el camino tuvimos ocasión de ver el Half Dome desde el otro lado y de observar una cara algo más salvaje de este parque fantástico que recomendamos a cualquiera.

Nuestro objetivo ahora era el Death Valley, el Valle de la Muerte, uno de los lugares más áridos del mundo, para llegar hasta allí quedba todavía un largo recorrido que nos obligó a hacer noche en algún lugar al otro lado de Sierra Nevada. Elegimos Mammoth Lakes, una estacion de invierno con un paisaje típicamente alpino y donde al visitar a la mañana siguiente el fantástico paisaje de los lagos que le dan nombre, nos encontramos la sorpresa de conocer "in situ" cómo las emanaciones de CO2 habían matado a un bosque entero.

Death Valley N. P.. El Valle de la Muerte

El Valle de la Muerte está un poco en "tierra de nadie" no tiene nada que ver con el montañoso y verde Yosemite, pero tampoco se relaciona con los característicos paisajes de la meseta del Colorado, salvo por su carácter desértico.

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Cruzar Death Valley es una experiencia consistente en bajar y bajar hasta el fondo de una zona desértica, hasta llegar a estar a 60 o 90 metros bajo el nivel del mar. Todo lo que puedes ver allí tiene que ver con el paisaje desértico: algunas dunas, un lago salado y varios cañones con paredes de vistosos colores, destacando Zabriskie Point, el mítico mirador de la película de Antonioni que nosotros, escasos de tiempo como siempre, visitamos ya después de anochecer.

Desde aquí un paseo de 2 horas más conduciendo de noche por el desierto, hasta llegar a Pahrump, un pseudo Las Vegas donde, al menos, encontramos un hotel más bien barato que, todo hay que decirlo, nos había buscado amablemente una guía del centro de Visitantes de Death Valley antes de internarnos en él.

Gran Cañón del Colorado

Llegar hasta el Gran Cañón desde Pahrump, nos supuso cruzar Las Vegas de día, que nos pareció un horror, y, tras atravesa el embotellamiento que genera la presa que da agua a Las Vegas, la de la película de superman, que por lo visto es un atractivo turístico, dirigirnos a pasar la noche previa a Willians, un bonito pueblo (para USA, claro), situado en la mítica carretera 66, donde pudimos cenar en una terraza disfrutando de un cantante local de country. Todo muy americano y bastante turístico, en un pueblecito más bien pequeño, donde todavía se conserva el burdel, el hotel y algunas otras cosas de su historia que, sorprendemente para nosotros, es de hace un siglo o poco más.

Por la mañana hicimos los más de 100 km que separan Willians del borde Sur del Gran Cañón y nos dirigimos directamente al borde. La sensación de la llegada al Gran Cañón es parecida a acercarte al mar, puesto que la tierra desaparece de tu vista.

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El Gran Cañón, la séptima maravilla del mundo, según ellos, es inmenso, gigantesco. Desde nuestro punto de vista, esto en cierto modo le quita atractivo, tienes la sensación de estar viendo una película que no puedes llegr a "tocar". Para intentar hacerlo un poco más tangible, iniciamos el descenso por el "Angel´s Trail", el sendero más famoso de los que bajan hasta el fondo que, de verdad, está lejísimos. El calor era sofocante así que decidimos regresar al cabo de un ratito y coger el "shuttle" para ir a la zona más alejada hacia el Oeste "Hermits Rest", un recorrido por el borde del cañón en el que te puedes bajar cuando quieras en los diferentes miradores. Un "pelín" decepcionante. La conclusión es que el Gran Cañón es un poco como las grandes montañas, impresionantes pero difíciles de abarcar si no te pones en plan de hacer grandes esfuerzos y meterte en ellas, cuestión que, una vez más, complica por la enorme dificultad de alojarse aquí. Hay alojamientos en el mismo borde del cañón que, suponemos deben ser una maravilla para levantarse a ver amanecer, descender de madrugada por el cañón y ver el cielo estrellado por la noche, pero para eso habría que haber hecho una reserva el año anterior, por lo visto.

Así que después de pasar a engrosar la cifra de 4 millones de personas que visitan el Gran Cañón al año sin hacer otra cosa que asomarse al borde y hacer unas cuantas fotos, nos dirigimos hacia la ciudad de Page, junto al presa del Lago Powell en el río Colorado.

El camino todavía bordea el Gran Cañón hacia el Este, con acceso a nuevos miradores para bajar de la meseta Kaibab hacia el desierto y la reserva Navajo y bordea el "Pequeño Cañón", un lugar que, desde la carretera, nos dió la sensación de tener bastante atractivo.

Glen Canyon o Lago Powell

A la tarde llegamos a Page, una pequeña ciudad nacida ¡en 1953! debido a la construcción de la presa que forma el lago en cuestión. Por el camino, al atravesar la reserva navajo como ya hemos mencionado, nos íbamos fijando en los pequeños pueblos navajos que se encuentran cerca de la carretera. La impresión que da es la de que a los navajos les han dejado lo peor y que lo pueblos son pobres, pequeñas casas en el medio del desierto con varios coches destartalados en los alrededores, muy como en las películas.

Ya bastante antes de la llegada a Page, el color del terreno nos anuncia que estamos claramente en pleno dominio de las "Navajo sandstone", las areniscas rojas características que determinan estos paisajes únicos. Durante varios días vamos a disfrutar de paisajes sorprendentes. De entrada, a la mañana siguiente nos dirigimos a visitar el Antelope Canyon una de las formaciones más fotogénicas que se puedan imaginar. Está fuera del Glen Canyon National Park, pero merece una visita. Gestionado por los navajos, hay que pagar entrada (18 $) y en un todo terreno te llevan a vistarlo. Se trata de una angoso tajo en las areniscas de apenas 200 metros de longitud y de unos 30 metros de profundidad 8 o de altura porque vamos por dentro). A mediodía el sol penetra desde arriba dando lugar a uno de los espectáculos más impresionantes que la naturaleza pueda deparar. Te llevan hasta el final y regresas por el mismo camino, apenas 45 minutos que te dan para gastra la tarjeta de memoria de tu cámara y quedar con un recuerdo imborrable. Encima, al regresar vimos un correcaminos que, como no podía ser menos, pasó corriendo a toda velocidad por delante del vehículo.

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Por la tarde hicimos un recorrido, turístico, cómo no, por el lago Powell o, como realmente se debería llamar, por el "pantano de Page".

La construcción de esta gigantesca presa propició uno de los debates más grandes entre conservacionistas y "desarrollistas", todavía hay mucha gente que opina que debe ser demolida. El caso es que lo vistan como lo vistan, el lago Powell es un pantano gigantesco que inundó el maravilloso Glen Canyon dejando unos espléndidos brazos de agua navegables que han dado lugar a toda una industria turística. El problema es que en los últimos años el agua ha ido bajando dejando al descubierto lo que fueron bellas areniscas rojas transformadas en blancas paredes lavadas de sus óxidos de hierro. Se supone que en una vista de un día entero puedes navegar a precios astronómicos hasta el Rainbow Bridge, uno de los arcos naturales más emblemáticos de USA y objeto de culto para los navajos.

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Y ya para terminar el día, una visita a Horseshoe Bend, maravilloso meandro encajado del río Colorado aguas abajo de Page. Aquí, en el mismo lugar en el que Charlton Heston se alejaba a caballo con su chica al final de "El Planeta de los Simios", disfrutamos de una maravilloso anochecer, en compañía, esta vez, de algunas liebres del desierto.

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Monument Valley

Desde Page hay que elegir, o te vas hacia el oeste hacia Brigde Canyon, o hacia el Norte hacia Arches. Nosotros optamos por esta segunda opción, así que nos dirgimos hacia Moab, la población más cercana a Arches National Park, lo que nos permitía visitar Monument Valley en plena reserva navajo. ¿Quién no ha deseado ver estos paisajes típicos de las películas del Oeste?

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Monument Valley está bastante lejos de Page , la verdad es que está lejos de todas partes. La visita consiste en el acceso en tu propio coche a una larga pista de tierra de unos 15 o 20 km. que te permite ver de lejos los principales monolitos, algo bastante vistoso pero muy decepcionante para un verdadero amante de la naturaleza. Total que tiu visita se limita a hacer espectaculares fotos y ayudar a los navajos a sobrevivir gracias al turismo. (15 $ la entrada).

Arches

Arches National Park es otro de los iconos de los parques USA, su arco "Delicate Arch" ha figurado durante años en la matrícula de Utah y el "Landscape Arch" se supone que es el más largo del mundo. Tras hacer noche en Moab, por la mañana visitamos este pequeño parque cuyo principal valor es el conjunto de formaciones geológicas espectaculares, principalmente algunos arcos como su nombre indica.

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Casi al otro lado de Moab se encuentra otro parque nacional "Canyonlands", el cual a nuestro pesar, renunciamos a visitar para poder seguir hacia Yellowstone

Yellowstone

Yellowstone está ya muy lejos de San Francisco, origen y final de nuestro viaje, y también está muy lejos de Moab, por lo que en buena lógica no debiera haber formado parte de un viaje cuyo objetivo es visitar espacios naturales, pero ¿quién se resiste a una oportunidad quizá única?

Todo el mundo sabe que Yellowstone es el país del Oso Yogui, pero los verdaderos amantes de la naturaleza sabemos que Yellowstone es, además, uno de los lugares geológicos más importantes del mundo; un punto caliente intraplaca. Además es el primer lugar que se declaró parque nacional declarado en todo el mundo. La visita no decepciona y eso que los incendios de años atrás lo han convertido en un gigantesco cementerio arbóreo en el que, lentamente, una nueva generación de árboles se abre paso poco a poco.

En Yellowstone dormimos 3 noches, concretamente en West Yellowstone, un pueblecito en la entrada oeste, cuyo único interés es que está cerca del parque. Ni nos molestamos en buscar alojamiento en su interior, visto lo visto y teniendo en cuenta que encima era fin de semana..

Lo primero que hicimos nada más llegar fue dirigirnos a Old Faithful, probablemente el lugar más interesante del parque y, probablemente, el más turístico (si cabe) y esperar, apenas 50 minutos, a que se produjera uno de los fenómenos volcánicos más conocidos del mundo: la erupción del geyser Old Faithful, acompañados, eso sí, de unos cientos de vistantes más, cómodamente sentados en una especie de graderío. La erupción acudió puntual a la cita, sorprendentemente acompañada de un respetuoso silencio de los visitantes (si hubiera sido en España ya sabemos que la gente hubiera gritado y aplaudido como posesos, la educación ambiental made in USA funciona algo mejor que la de aquí..).

Tras la erupción el gentío se dirigió hacia los aparcamientos y entonces se inició lo que iba a ser una casi constante en nuestra visita: el constante acompañamiento del ensordecedor ruido de las "Harleys", creemos que una plaga de Yellowstone que los americanos deberían empezar a pensar en cómo solucionar.

Curiosamente, tras la "estampida", el campo de geyseres de Old Faithful (Upper Geyser Basin, la mayor concentración de geyseres del mundo) quedó bastante vacío y tranquilo y nos permitimos la primera "gozada" de hincharnos a ver geyseres en erupción y sorprendentes y maravillosas fuentes termales de los colores más increíbles donde organismos extremófilos consiguen crecer añadiendo todavía más cromatismo a la escena. Y más, todavía nos dio tiempo de acercarnos a West Tumb y visitar otro campo de geyseres al lado mismo del lago Yellowstone y al regreso otro más, Fairhole Lake con un extraño atardecer entre el vapor de agua de las fumarolas.
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A la mañana siguiente decidimos visitar la parte norte del parque, donde se encuentran las famosas terrazas travertínicas de las Mammoth Hot Springs. Este lugar debió ser una de las maravillas de la Tierra, pero ahora gran parte de la fuentes llevan muchos años sin emitir, por lo que la mayor parte de las terrazas que dieron lugar a nombres mitológicos "Fuente de Diana", etc, presentan el típico color grisáceo claro del travertino viejo. A pesar de todo, hay todavía algo de emisión en algunos puntos por lo que compensa la visita.

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Completar el recorrido del "loop norte", nos llevó hasta el Gran Cañón de Yellowstone, uno de los espectáculos más increíbles, ya que a la espectacularidad derivada de la profundidad del propio cañón (comparar en las fotos con el tamaño de los pinos), se unen las dos gigantescas cataratas y, sobre todo, los increíbles colores de las laderas debidos a los fenómenos hidrotermales que genera la proximidad del magma a la superficie. Recordemos que estamos en un punto caliente, lugar al que llegan rocas directamente de la base del manto terrestre. El magma en Yelowstone se encuentra a poco más de 3 km. de profundidad.

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El tercer día decidimos que había que volver al Gran Cañón de Yellowstone, que era demasiado bonito para no hacer un pequeño recorrido andando por su borde este, alejados en lo posible de los lugares más turísticos.

Luego nos dirigimos a Hayden Valley, una extensa zona sin árboles por la que transcurre el río Yellowstone y famosa porque en ella se suele poder ver a los últimos bisontes de Norteamérica. Es una de las zonas donde los observadores de fauna realizan sus "esperas" cómodamente sentados con sus telescopios. Ya habíamos estado allí el día anterior a última hora, pero sin suerte. Pero esta vez iba a ser de otra manera.Ya según íbamos avanzando por la carretera, los coches parados en la lejanía nos indicaban que íbamos a tener más suerte que el día anterior. Una inmensa manada de bisontes ocupaba todo el espacio entre la carretera y el río a una distancia de un par de kilómetros y, encima, en agosto es la época del celo. Ardorosos machos mugían e intentaban separar a su hembra del resto del rebaño. De vez en cuando levantaban polvo a base de patear el suelo, y todo eso ante nuestros ojos, a una distancia tan corta que, de hecho, los bisontes cruzaban la carretera en la que atónitos turistas "quemábamos" nuestras cámaras de fotos.

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La felicidad era tan completa que decidimos terminar la jornada visitando de nuevo el campo de geyseres de Old Faithful. Tuvimos suerte, a nuestra llegada encontramos en plena erupción al Castle Geyser, uno de lo geyseres más grandes y que, a pesar de su cierta periodicidad, es bastante menos previsible y regular que el Old Faithful. Ya en plena vorágine hidrotermal, el "Grotte Geyser " decidió añadirse a la fiesta. Este es el único geyser que emite un chorro lateral y por si fuera poco, observamos un fenómeno supercurioso: debido al súbito calentamiento del agua del río, los peces saltaban como locos.

Terminamos la jornada quedándonos a cenar en el Old Faithful Inn, un enorme hotel de madera construido en 1903 y declarado monumento histórico. Todo fue porque entramos a ver su espectacular vestíbulo de madera (troncos de árbol) de 25 metros de alto con cinco plantas de balcones.

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Cuando salimos era noche cerrada y el cielo de Yellowstone aparecía estrellado como no habíamos vuelto a ver desde hace años.

Grand Teton

Es un poco el hermano pobre de Yellowstone, aunque es un lugar de una belleza increíble. Situado al sur de aquél, es una espectacular sucesión de lagos alpinos con montañas de cerca de 4.000 metros detrás. Al igual que el anterior, puro salvaje oeste por el que todavía hay que tener cuidado con los osos. Las papeleras son a prueba de ellos.

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Nos dio tiempo a hacer un pequeño recorrido en un barco que te lleva al otro lado del lago Jenny y que te permite hacer una larga o pequeña caminata. Nosotros tuvimos que optar por la pequeña, claro.

Bryce Canyon

El regreso desde Yellowstone y Grand Teton, supuso tener que hacer una noche en las proximidades de Salt Lake City, capital del estado de Utah y centro religioso de los mormones, ciudad probablemente muy interesante pero que tuvimos que obviar.

Al dia siguiente llegamos relativamente pronto a un pueblo denominado Panguitch, donde tomamos una habitación y nos dirigimos a visitar Bryce Canyon otro de los parques nacionales. Pensábamos que esta sería una vista menor y de hecho reservamos poco tiempo para ella. Y aunque el tamaño del parque le hace bastante asequible, la visita se convirtió en algo difícil de olvidar. El llamado anfiteatro, es la parte más próxima a la entrada y por supuesto la más visitada. Consiste en una serie de pináculos o chimeneas de arcilla poco consolidada, a modo de chimeneas de las hadas de extraordinaria belleza. Una serie de miradores desde la parte alta permiten disfrutar de esta belleza. Pero todavía más interesante es bajar e internarse entre el laberinto de torres, hay varios senderos señalizados que lo permite.

El nombre de Bryce proviene de un mormón (estamos en Utah) que se estableció aquí con su mujer (o sus mujeres, no estoy muy seguro) y a quien se atribuye la lapidaria frase que mejor define este paisaje: "Vaya sitio para perder una vaca".

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En Panguitch hay un restaurante bastante majo: el "Cowboy´s Smokehouse". Tiene la curiosa particularidad de que los visitantes dejan allí en una de las paredes su tarjeta de visita. Para no ser menos, fuimos los primeros visitantes en dejar una tarjeta devista electrónica: un mini CD de "ambiental-hitos". ¡Si alguien lo ve que nos lo cuente!

Zion

Este parque se llama así por el Sión bíblico, esta es la tierra de los mormones y las referencias religiosas son abundantes. A nosotros este parque nos defraudó un poco. Solamente se puede recorrer utilizando el "shuttle" de turno, lo cual no es una cosa mala ni mucho menos. el problema es que la única carretera circula por el fondo de un profundo cañón labrado en las areniscas rojas. De ahí hay que hacer excursiones y claro, aparece de nuevo el problema del tiempo y del calor. Al final del valle hay una que se supone que es la más típica, internarse siguiendo el río por angostísmos desfiladeros denominados los "Narrows" (los estrechos). Todo el mundo que llega hasta allí lo intenta y nosotros no íbamos a ser menos. Pero hay que ir preparado, es imprescindible meterse por el agua, bastante fría y con piedras en el fondo. Hay unas zapatillas especiales de plástico que venden por toda esta zona. Las máquinas de fotos necesitan ir protegidas por si te caes al agua, cosa más que probable, y claro, no puedes ir a dejarlas al coche porque hasta aquí sólo se llega en el shuttle y tu coche está muy lejos. En fin que tras mojarnos nuestras zapatillas de treking tuvimos que desistir tras los primeros metros, una pena.

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Las Vegas

Las Vegas no es un parque nacional, pero al final es el punto de entrada y salida más lógico para toda esta zona y, en cierto modo también es un parque... No os perdáis un par de días en Las Vegas, os permitirán recuperaros de la dureza de las comidas "on the road", alucinaréis con el espectáculo y os permitirán ir de tiendas, algo casi imprescindible en una vista a USA.

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Bibliografía

Reportaje fotográfico de National Geographic sobre el peligro que corren los parques nacionales USA. Aquí