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Editada por Didáctica Ambiental S.L.
Año 3 - nº 4. febrero 2006
ISSN: 1698-5893

Editorial

"La profesionalidad docente "

A estas alturas de los procesos, parece que la balanza se inclina hacia el lado de que el profesorado de Enseñanza Media sea el gran perdedor de las sucesivas reformas educativas. Cuando hace ya más de 15 años se instauró la Reforma Experimental de la Enseñanza Media, parecía que iba a abrirse un cambio sustancial y enormemente positivo en nuestra profesión: la definición del profesor como investigador. Los que vivieron más intensamente aquél proceso, recibieron una única consigna: innovar, experimentar. Sin embargo, poco a poco esta idea del profesor como un investigador de su propia práctica, productor de conocimiento teórico y práctico fue perdiendo terreno progresivamente hasta diluirse en una figura intermedia entre diferentes roles sin tener ninguno perfectamente definido y, nos tememos, que cada vez más alejada del papel de transmisor y facilitador del acceso al conocimiento científico que todos hubiéramos deseado.

Y no es que reneguemos del enorme papel que el profesor juega en la vida del alumno, y que no debía ser otro más y menos que el de colaborador, facilitador de su entrada en el mundo de la cultura, en la sociedad, en el mundo adulto. Papel que siempre correspondió a lo que denominábamos el "currículum oculto" y que todos los profesores con un mínimo de experiencia aprendíamos a reconocer y a manejar con mayor o menor soltura.

Pero hasta este papel "secundario" de nuestra profesión nos lo han ido quitando. Ya no nos dejan manejar este curriculum no explícito con nuestros conocimientos y nuestro buen hacer de científicos y un poco artesanos. Primero porque los expertos oficiales se empeñan en que deje de ser no explícito para convertirlo en explícito. Porque el profesor ahora es obligado a dejar de ser una figura de referencia en la vida del adolescente, para convertirse en "algo" que está ahí, una especie de intruso profesional a medio camino entre el psicólogo sin formación, el asistente social, el mediador de conflictos, el técnico en ordenadores y un largo etcétera de profesiones que está llegando hasta la de bilingüe. No es de extrañar, aunque encima no sea muy cierto, que las últimas noticias que aparecen en prensa y televisión, dibujen un profesorado "quemado" ("burned out" en terminología sajona, tan de moda) ante un alumnado que no lo es: adolescentes desinteresados y provocadores que acuden al aula obligados por la ley. Incluso un sindicato en un alarde de "servicio a la profesión" ha puesto un teléfono de ayuda para profesores desesperados y esto sí que es noticia.

No sé, pero ¿tan mala era la figura del profesor enamorado del conocimiento que transmite? Ese profesor capaz de transmitir amor a la verdad, al conocimiento, al rigor en el razonamiento. ¿Esa figura adulta en la que muchos jóvenes puedan mirarse?

Aunque esta revista no está para reivindicar aspectos profesionales, nos permitimos esta digresión porque sí lo está para contribuir al desarrollo de la profesionalidad del profesorado, ayudándole en aquello que es su misión: enseñar y enseñar bien. Por lo tanto, sí nos gustaría hacer una pequeña reflexión sobre las enormes contradiciones que operan sobre el profesorado de Enseñanza Secundaria:

1.- La contradición "experto-inexperto". Denominamos así a un hecho curioso cuya discusión iniciamos planteando algunas preguntas: ¿hay alguna razón para considerar inexperto al profesorado de Enseñanza Secundaria en cómo hay que tratar con alumnos? ¿hay alguna razón para considerar al profesorado inexperto en cuestiones como salud, nutrición, etc.? por poner algunos ejemplos concretos referidos a nuestro campo.

La evidencia práctica dice que sí, que los profesores somos considerados "poco aptos" por nuestros superiores y, lógicamente, por parte de la población con demasiada frecuencia. Voy a poner algunos ejemplos:

a) Alumnos de diversificación: Una de las cuestiones que siempre me he preguntado es por qué los alumnos de diversificación que se supone que tienen dificultades para entender las cuestiones científicas, reciben clase de un profesor adjunto al departamento de orientación que, obviamente no es profesor de todas las asignaturas de ciencias..

b) Charlas, guías de excursiones, etc.: Los centros educativos participan en numerosas actividades en las que no profesionales de la enseñanza actúan en calidad de expertos, enseñando, en la mayoría de las ocasiones mucho peor que sus propios profesores, a los alumnos.

c) Declaraciones públicas, comités de expertos, publicaciones en revistas, etc. etc. ¿Por qué cuando se trata de problemas escolares nunca se pregunta a profesores? ¿Sabe más un orientador que un profesor con experiencia sobre cómo "llevar" a alumnos conflictivos? ¿Sabe más un profesor de un departamento universitario que un profesor de "a pie" sobre estos mismos temas? ¿Algún profesor de Enseñanza Secundaria recibe alguna vez una invitación para participar en un congreso (cobrando) o escribir un artículo en una revista?

No voy a seguir insistiendo en más ejemplos, pero está claro que al profesorado no se le reconoce su saber, no se le estimula, se le "ningunea". Si estamos quemados o como les interese a determinados poderes que estemos ahora, no es por los alumnos conflictivos (siempre los hubo) es porque se nos niega nuestra profesionalidad.

Se resiste uno a pensar que profesionales con formación universitaria y con años de experiencia no tengamos nada que decir. En este sentido, esta Revista de Didáctica Ambiental es una apuesta por el profesorado que sí tiene algo que decir, que entiende de su asignatura, de cómo enseñarla y que se enfrenta a ello con una perspectiva de racionalidad, como una actividad en la que se aprende, se investiga y se produce conocimiento.

Fernando F. Rojero

ffrojero@gmail.com