Entender la Organización. Aspectos didácticos del estudio de los Ecosistemas.

 

Fernando F. Rojero

 

I.E.S “Las Llamas”. Santander

 

 

Resumen

 

La comprensión de que los sistemas poseen una organización con propiedades específicas, pero comunes a unos y otros, debería ser un objetivo educativo si se quiere adoptar una perspectiva de complejidad que permita “ambientalizar” el currículo. Sin embargo nuestra tradición científica prefiere analizar los sistemas que estudiar sus propiedades globales. La unidad didáctica “Biodiversidad” intenta enfrentarse al estudio de los ecosistemas en estos términos.

 

 

 

Mientras que para la mayor parte de los estudiantes de enseñanza secundaria los fenómenos relacionados con la vida parecen ocurrir solamente en el nivel de los organismos, entre los adultos con cierta formación científica constituye un error común creer que la explicación de todo se encuentra en el mundo submicroscópico, que es lo que ocurre cuando se considera que el nivel molecular es el responsable de todos estos fenómenos, algo así como si existiera una flecha causal que va desde lo microscópico hacia lo macroscópico. Puede que no sea más que el típico “bandazo” que se produce tras un cambio conceptual, en este caso el que les supuso comprender que hay explicaciones que no se encuentran en el nivel de los organismos.

 

El mundo material está estructurado en sistemas que pertenecen a niveles de organización diferentes, que van desde los de menor tamaño, las partículas subatómicas, hasta el más grande, el universo completo. Aunque pueda suponer cierta dificultad inicial aceptar esta idea, parece claro que una vez aceptada, lo lógico sería enfrentarse al estudio de cualquier fenómeno, interrogándose sobre qué está pasando en cada uno de los niveles de organización y cuáles son las relaciones existentes entre estos niveles cuando ocurre el fenómeno estudiado.

 

Actuar de esta forma es una experiencia apasionante que podemos ejemplificar en el fenómeno de la respiración: sabemos que aunque el nombre sugiera el fenómeno familiar de los movimientos respiratorios, se relaciona con otros procesos como el intercambio de oxígeno en los pulmones o el transporte de éste por la sangre. En esta visión, frecuente entre el alumnado, el oxígeno es percibido todavía como un ente macroscópico. Al profundizar en el fenómeno, entramos en el nivel celular al aparecer el papel de determinadas células, los glóbulos rojos, en el transporte del oxígeno y sobre todo, el papel de las células en el destino de este oxígeno. También aparecerá el papel de los orgánulos celulares, en concreto el de las mitocondrias. Al seguir profundizando, nos preguntaremos qué es lo que ocurre en esas mitocondrias o en esos glóbulos rojos y, por tanto, tendremos que bucear en un nuevo nivel, en el de las moléculas  En éste nos enfrentaremos al hecho de que lo que “se respira” es la glucosa y no el oxígeno, y que las moléculas tienen un contenido energético que puede ser liberado, así como que hay otras moléculas como el ATP que van a servir como transportadoras de esa energía, y un largo etcétera que se aleja del objetivo de este artículo.

 

Esta reflexión sobre la respiración la hemos hecho desde el nivel de los organismos hacia abajo. Resulta poco frecuente que al reflexionar sobre algo, en este caso sobre la respiración, nos planteemos seguir el camino en la dirección contraria: interrogarnos acerca de que ese oxígeno que utilizamos y esa materia orgánica que consumimos, deben proceder de algún lugar no necesariamente inmediato al organismo, o imaginar los intercambios gaseosos y de materia que van asociados al fenómeno respiratorio en  los ecosistemas. Seguir por este camino nos llevaría a estudiar los ciclos de la materia, el flujo de energía, la regulación del tamaño de las poblaciones, los niveles alimentarios y otras cuantas cuestiones de las que, como todos sabemos, se ocupa la ecología. A pesar de estar de moda, el pensamiento ecológico no resulta especialmente intuitivo para la mayoría de los que nos hemos formado en la tradición científica que todavía impregna nuestro sistema educativo.

 

La reflexión anterior nos plantea cuestiones acerca de las relaciones entre los diferentes niveles de organización de la materia y acerca de la composición de los sistemas que conforman el mundo natural y nos enfrenta a un hecho que a menudo nos pasa desapercibido: el de que los objetos de estudio en la naturaleza son siempre sistemas formados por la interacción de unos elementos y que estos sistemas que constituyen las unidades de estudio en cada nivel, son los elementos constituyentes de los sistemas del nivel siguiente. Así, los átomos son sistemas dotados de autonomía, por lo que puede haber átomos que no necesitan unirse con otros átomos, pero también hay átomos que se unen a otros y forman moléculas, el nivel de organización siguiente. Igual que en el caso anterior, las moléculas pueden estar libres o bien unirse a otras moléculas para formar células, el siguiente nivel. Si seguimos recorriendo la escala de organización, nos encontraremos con que puede haber células que viven libres o células que se unen a otras para formar organismos pluricelulares. Éstos a su vez pueden ser libres o unirse a otros formando sistemas más complejos (familia, tribu, ecosistemas, sociosistemas).

 

Al pensar en las relaciones existentes entre los diferentes niveles de organización, es importante no caer en el reduccionismo mencionado al principio, y darse cuenta de que cada nivel posee una serie de propiedades emergentes, que no se derivan de las de los elementos que lo componen, si no fuera así bastaría con estudiar los átomos para comprender toda la ciencia.

 

Si es importante darse cuenta de que el agua es algo distinto del oxígeno y del hidrógeno, que el oxígeno y el hidrógeno juntos no son agua sino algo muy distinto, no lo es menos comprender que una población es algo distinto de la suma de los individuos que la componen; en ambos casos tiene validez la famosa frase según la cual “el todo es más que la suma de las partes”. La ecología es la ciencia que ha introducido un tipo de pensamiento en el que el organismo deja de ser el nivel de organización más elevado, pasando a ser parte de otro nivel de organización que lo incluye como elemento. Esta es probablemente la razón por la que el pensamiento ecológico ha supuesto una revolución, ya que la reflexión anterior implica connotaciones éticas además de las puramente científicas.

 

Enfrentarse al problema de la comprensión del mundo considerando a éste organizado a la manera de las muñecas rusas, de forma que cada nivel de organización contiene a los anteriores, es un lugar común entre los teóricos de sistemas (Wagwensberg, 1998; Laszlo, 1987). Aunque es frecuente encontrar diferencias acerca de cuáles son los niveles de organización con entidad propia como para denominarlos como tales, sí hay acuerdo en que la materia tiene la propiedad de tender a formar sistemas debido a la interacción entre elementos que a su vez son sistemas, como acabamos de describir. Esta característica de la materia se denomina convergencia, y creemos que su comprensión es clave para la adquisición de un pensamiento que podamos denominar como complejo o sistémico, un pensamiento acorde con las demandas que nuestro, evidentemente complejo mundo, requiere de la formación científica básica del ciudadano y que la problemática ambiental demanda de las personas.

 

Las ideas de los estudiantes sobre la organización

 

Si la idea de organización está en la base del pensamiento ecológico y es uno de los conceptos clave del conocimiento científico y ambiental, los estudiantes deberían reconocer con facilidad este hecho a medida que van completando su escolarización. Sin embargo, un análisis del pensamiento de estos alumnos y alumnas, nos pone de manifiesto que muchos de ellos no emplean esta idea. Por ejemplo, hemos escuchado con frecuencia a alumnos preguntarse si las moléculas son mayores o menores que las células, dudar acerca de si todos los seres vivos están formados por células, o incluso sobre si se puede afirmar de cualquier material que tiene composición química.

 

También tienen dificultades para relacionar entre sí las diferentes perspectivas de un fenómeno biológico cuando ocurre en los niveles molecular, celular, de organismo y de ecosistema. Un ejemplo típico podrían ser las concepciones sobre la fotosíntesis: para el alumnado resulta difícil relacionar lo que ocurre a nivel atómico (¿de dónde salen los átomos que intervienen?); con lo que ocurre a nivel molecular (¿qué sustancias se forman y a partir de cuáles?); con la mera existencia del fenómeno a nivel celular (¿hacen algo las células?); e incluso con lo que ocurre en el nivel  de los organismos (¿cómo y de qué se alimentan las plantas?) o de ecosistema (¿supone algún tipo de circulación de materia y energía por un ecosistema?), y esto por citar solamente algunas de las cuestiones más conocidas en las que hemos detectado dificultades.

 

Algunos autores han reflexionado sobre la existencia de conceptos organizadores del pensamiento, conceptos estructurantes según Gagliardi (1986), a los que consideran de mayor nivel que los conceptos que se estudian habitualmente en la enseñanza científica. Uno de estos metaconceptos (“Investigación en la escuela” 1991), sería el de organización, ya que existen unas propiedades comunes respecto a la organización de los sistemas materiales que, junto con las relaciones entre sistemas de diferente nivel de organización y la capacidad de aplicar algunas de estas propiedades a diferentes clases de estos sistemas, constituyen objetivos de aprendizaje que no deberían dejarse de lado en la enseñanza básica de todo ciudadano.

 

Sin embargo somos conscientes de que el estudio de la ecología que se suele hacer en enseñanza secundaria, siguiendo nuestra tradición científica, “disecciona” el ecosistema, centrándose en su análisis y olvidándose un poco de los aspectos organizativos, precisamente los que se supone que son el objetivo del conocimiento ecológico. De la misma forma, somos conscientes de que llegar a comprender la organización de un sistema concreto, por ejemplo de un ecosistema o de un organismo, aunque supusiera en sí mismo un gran éxito de aprendizaje, no presupone la comprensión del fenómeno organizativo en otros sistemas, ni siquiera aunque pertenezcan al mismo nivel de organización. Dicho de otra manera, un alumno puede estudiar la organización de un bosque y, sin embargo, no ser capaz de transferir ese conocimiento para explicar la organización de otros ecosistemas como, por ejemplo, una marisma o una zona intermareal. Menos aún, será capaz de utilizarlo para explicar la organización de algún sistema natural de otro nivel, por ejemplo de la célula o de algún organismo vivo o de aplicar este conocimiento a la interpretación de un sistema social, cultural o económico.

 

El proyecto Cambio 2

 

El trabajo del profesorado consiste en convertir en familiar y comprensible para el alumno lo que en un momento anterior de su vida pueda resultarle imposible de imaginar. Puestos a ello, durante los últimos diez años hemos venido desarrollando un proyecto de innovación educativa, en el nivel de ESO, en varios institutos de Cantabria. Esta experiencia ha sido objeto de investigación interna (Rojero, 1996, 1999b) y externa (Melero, 1998) y gran parte de este artículo procede de este largo proceso de innovación e investigación. Los materiales didácticos del proyecto “Cambio 2” son su resultado y constituyen nuestra propuesta de enseñanza para las Ciencias, en la que la perspectiva ambiental y por tanto de complejidad es uno de los pilares sobre los que intenta construirse. A lo largo de las seis unidades que lo componen:  “Residuos” (Rojero, 1998a); “Salud y Medio Ambiente” (Rojero, 1998b); “Biodiversidad” (Rojero, 1999a); “Cambio Climático”, “Genética y Evolución” y “Cambios Geológicos” (pendientes de publicación), la construcción del concepto de organización en los diferentes niveles y en diferentes contextos, incluso en los no científicos, es un referente obligado y un objetivo fundamental de aprendizaje.

 

Los esfuerzos por conseguir del alumnado la construcción de una teoría sobre la organización subyacen a todo el proyecto, pero es principalmente en la unidad didáctica “Biodiversidad”, aunque no sea en la única, donde el concepto se trabaja en el nivel de los sistemas ecológicos, por lo que en el resto del artículo haremos referencia principalmente a esta unidad.

 

 

La organización de los ecosistemas

 

Cuando hemos indagado sobre el pensamiento del alumnado respecto a sus conocimientos e ideas previas acerca de la organización de los ecosistemas (Rojero, 1999b) hemos encontrado un tipo de pensamiento en el que no se reconoce, más que someramente, la organización presente en los ecosistemas. Los resultados obtenidos son semejantes a los de otros autores (García, 1994), y en ellos vemos cómo, con frecuencia, los alumnos no perciben la existencia de relaciones que vayan más allá de la depredación, casi siempre desde la perspectiva del depredador,  y así es frecuente, por ejemplo, encontrar quien afirma que en un ecosistema acuático la razón de la existencia de las plantas es “para que coman los peces”, y por la misma razón, en los ecosistemas terrestres, las plantas parecen estar para servir de alimento a los animales. En el mejor de los casos, podemos decir que para la mayor parte de los alumnos, un ecosistema es un lugar donde viven juntos muchos seres vivos, algunos de los cuales se alimentan de otros. Es lo que García ha denominado el modelo “aditivo”, reflexionando sobre la dificultad que tienen las personas para ver los aspectos organizativos que subyacen a esta acumulación de seres vivos.

 

Comprender la organización de un ecosistema o dicho de otra forma, construir una teoría sobre la organización en el nivel de los ecosistemas, parece requerir que la persona sea capaz de reconocer una serie de hechos:

 

- La existencia de un conjunto de diferentes seres vivos que, al vivir en el seno de ese ecosistema, desarrollan funciones que se complementan con las de los otros seres vivos del mismo sistema, dotando a éste de una organización.

 

- Que el ecosistema tiene su propia dinámica y propiedades, diferentes de las de los organismos que lo conforman, aunque no independientes de ellas.

 

- Que la organización del ecosistema existe debido a las interacciones entre los elementos que lo componen y que constituyen un complejo sistema de regulaciones entre ellos, relaciones en las que intervienen tanto elementos vivos como elementos no vivos.

 

- Que al desarrollar el conjunto de sus funciones vitales en interacción con los demás elementos, cada población adquiere un complejo papel dentro del ecosistema al que denominamos como nicho ecológico.

 

El primer problema para que los estudiantes lleguen a hacer propios los enunciados anteriores, viene del hecho de que la diversidad de seres vivos en los ecosistemas es, en general, escasamente percibida, incluso resulta difícil para el alumnado citar ecosistemas yendo más allá de los socorridos ejemplos del bosque o de la charca. Los alumnos deben de ser capaces de reconocer los elementos que constituyen los diferentes  ecosistemas y entre ellos, la diversidad de seres vivos presentes. Por ello hemos tenido que ilustrar profusamente este primer aspecto. Enumerar los elementos presentes en un ecosistema es una tarea obligada que parece haber caído en desuso en los últimos tiempos, pero que creemos necesaria tanto desde el punto de vista científico como del ambiental, máxime cuando se tienen escasos o nulos conocimientos acerca de la clasificación de los seres vivos. En nuestro proyecto, esta actividad se realiza  sobre ecosistemas reales y sobre representaciones gráficas de otros ecosistemas. Para poder llegar a valorar la biodiversidad es requisito previo tener la capacidad de percibirla.

 

Las relaciones alimentarias son las interacciones más conocidas entre seres vivos y son, probablemente, las más importantes, tanto desde el punto de vista de la organización del ecosistema como de cada organismo. Solemos hacer una pequeña broma diciendo a nuestros alumnos que no hay relación más íntima y definitiva con otro ser vivo que comérselo o que te coma. Es por ello que el estudio de la red alimentaria (o al menos una aproximación a su estudio) es necesario para comprender la organización. Desde esta perspectiva, la actividad de análisis de un ecosistema en nuestra unidad didáctica, pasa por tres niveles:

1º) identificar los seres vivos presentes;

2º) dibujar las flechas que constituyen la red alimentaria;

3º) colorearlos según el nivel trófico que ocupan.

 

(Fig. 1)

 

La ilustración representa un paisaje de la cordillera cantábrica que, partiendo de los materiales del proyecto “Cambio 2”, diseñamos para el proyecto “Huella” de la Fundación Oso Pardo (Rojero, 1997) y es un ejemplo del tipo de trabajo que se hace en la unidad didáctica “Biodiversidad”. La interpretación se realiza en varios niveles, lo que se consigue colocando dos capas de papel vegetal encima del dibujo. Inicialmente, en la capa base se escriben los nombres de los seres vivos. Esta capa, como se aprecia en la ilustración, podría ser algo así como el resultado de una fotografía “con exposición” de ese ecosistema, interpretada por un naturalista buen conocedor de la flora y fauna. La primera capa de papel vegetal equivale a un primer nivel de interpretación, colocada encima de la anterior nos indica las relaciones invisibles entre los seres vivos allí presentes, es una visión de la organización alimentaria de ese ecosistema. Es importante reconocer que el conocimiento científico nos permite “ver” la organización alimentaria del ecosistema, como si tuviera encima el papel que aquí le hemos colocado, y que esta organización es invisible para el profano, que sólo es capaz de ver el ecosistema en el primer nivel, sin el papel. La segunda capa completa la interpretación anterior, ya que como resultado de la organización alimentaria del ecosistema, podemos clasificar a los organismos en función del nivel que ocupan en esa organización, donde el profano ve plantas y animales, el estudioso ve productores, depredadores, etc., teniendo así una visión mucho más acertada del papel de cada ser vivo en el ecosistema.

 

Que nuestros jóvenes lleguen a comprender la belleza que encierra esa maravilla natural que es el ajuste entre las poblaciones de un ecosistema, supone un objetivo educativo con el que nos daríamos por satisfechos, pero para ello, es necesario que lleguen a entender los mecanismos básicos de regulación. A partir del análisis alimentario ya tratado, es relativamente sencillo entender la regulación entre eslabones de la cadena, pasando al estudio de las pirámides alimentarias, y así lo hacemos, pero en nuestro proyecto damos, además, mucha importancia a la comprensión de los bucles de realimentación (los “feed back”) como mecanismo de regulación básico. La relación presa - depredador parece ser, hoy por hoy, el sistema más fácil para comprender este fenómeno y los estudiantes lo comprenden con facilidad. Cuando pasamos a estudiar dos bucles de realimentación unidos, como en el caso de una cadena alimentaria de tres eslabones (fig. 2) o aplicados al estudio de la competencia, estamos dotando al alumno de un instrumento de análisis nuevo y potente.

 

(fig. 2)

 

Disponer de una red alimentaria dibujada y de las herramientas anteriores, permite interrogarse sobre los efectos de los cambios en los ecosistemas. La red alimentaria es en esencia un “diagrama causal”, una de las herramientas para estudiar la complejidad, por lo que su uso es frecuente dentro de un proyecto con la orientación del nuestro, y aparece, con otros contenidos, en varias de las unidades didácticas. Para el alumno es muy interesante, entre otras cosas porque le permite acceder a la base conceptual de muchos modelos informáticos de simulación, una de las principales herramientas de investigación en este fin de siglo, lo cual es algo que abre sus ojos y oídos sólo con mencionárselo.

 

En la organización de un ecosistema intervienen también los efectos limitantes del medio abiótico. Aunque el alumnado tiende a asignar a estos factores la responsabilidad de los lugares donde pueden vivir los seres vivos, eso sí considerándolos de forma global: “el clima”, “el medio”, etc., es un hecho que, en general, no dispone de la capacidad de analizar en qué puede consistir esa limitación. Por ello en el proyecto se incluye un estudio sobre el terreno de las relaciones entre factores abióticos y distribución de los seres vivos. Las rocas intermareales del litoral cántabro y los viejos muros de algunas de las fincas rurales son, junto a algunos ociosos jubilados, testigos casi mudos de nuestros desvelos por ayudar a nuestros alumnos a comprender los detalles más sutiles de la organización de los ecosistemas. En los días siguientes a estas visitas al medio, en el aula se intentan transformar los datos recogidos en esquemas útiles para la comprensión de las relaciones entre factores abióticos y distribución de los seres vivos, a través de una serie de nuevas actividades.

 

El estudio de las formas de aprendizaje por las que se llega a comprender la organización, plantea una interesante contradicción: aunque es un estudio en el que, en esencia, se adopta una perspectiva de síntesis, de globalidad, nos encontramos con que para poder hacer esa síntesis es necesario un conocimiento previo y detallado de los elementos que componen el sistema y de las interacciones que realizan entre ellos, lo cual sólo es posible adoptando una perspectiva puramente analítica. Dicho de otra forma, descender al análisis es un paso previo necesario para poder ascender hasta la síntesis.

 

Para terminar

 

La unidad didáctica “Biodiversidad” no termina aquí, en ella se plantean otras cuestiones y se realizan otras actividades. Hemos dejado intencionadamente fuera de este artículo todos los aspectos relacionados con el estudio de la evolución de los ecosistemas y de los sistemas en general, una cuestión apasionante que nos llevaría a volver a recorrer todo el camino que hemos seguido en este trabajo y a hacer reflexiones similares a las ya hechas, ya que el concepto de evolución es otro candidato a ser considerado como básico para la comprensión de nuestro apasionante mundo actual. Como afirma Wagensberg (1985):“comprender el mundo, acaso sólo sea comprender dos cosas: el cambio y la relación entre un todo y sus partes”.

 

Bibliografía

 

GARCIA, J. E. (1994). El conocimiento escolar como un proceso evolutivo: aplicación al conocimiento de nociones ecológicas. Investigación en la escuela, nº 23. pp. 65 - 76

 

GAGLIARDI, R. (1986). Los conceptos estructurantes en el aprendizaje por investigación. Enseñanza de las Ciencias. vol. 4. pp: 30-36.

 

GRUPO INVESTIGACIÓN EN LA ESCUELA (1991). “Investigando nuestro mundo”.  Proyecto Curricular IRES. Vol. IV

 

LASZLO, E. (1987). Evolución: la gran síntesis, (Espasa‑Calpe: Madrid) 1988

 

MELERO, M. A.(1998). "El trabajo cooperativo en las aulas de secundaria; mecanismos y variables que influyen".  CIDE (memoria no publicada)

 

ROJERO, F. F. (1996). La formación del profesorado en Educación Ambiental. Influencia en el desarrollo profesional de los itinerarios formativos seguidos. CIDE. (Memoria no publicada).

 

ROJERO, F.F. (1998a). “Residuos”, (Didáctica Ambiental: Santander).

 

ROJERO, F.F. (1998b). “Salud y Medio Ambiente”, (Didáctica Ambiental: Santander).

 

ROJERO, F.F. (1999a). “Biodiversidad” (Didáctica Ambiental: Santander).

 

ROJERO, F.F. (1999b). “La valoración del aprendizaje en un modelo didáctico de tipo sistémico” (Tesis doctoral, pendiente de defensa).

 

WAGENSBERG, J. (1985). Ideas sobre la Complejidad del Mundo. Tusquets: Barcelona.

 

WAGENSBERG. J (1998). “Breve historia de la materia”. El País, 21- enero - 1998